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Homenaje a Enrique Olivera

. Ciudad/Protagonistas - Protagonistas

El gobernante que Buenos Aires no llegó a conocer
por Guillermo Saldomando

Hace pocos días dijimos adiós a una persona ejemplar y un político con una enorme trayectoria, Enrique Olivera. Sin embargo, en este artículo no destacaré su honestidad, su vocación para el diálogo ni su don de gente; sino que subrayaré sus innegables dotes de estadista y visionario.

Por esas cosas de la política y de los compromisos mezquinos, la Ciudad de Buenos Aires, no tuvo tiempo de conocer en toda su dimensión su valor como gobernante.
Como Vicejefe y luego Jefe de Gobierno, Olivera impulsó el debate de una Ciudad inserta en el Mundo y fue el pionero de la descentralización administrativa y política de Buenos Aires.
Olivera comprendió como ninguno de sus contemporáneos el escenario de la globalización y los cambios de paradigma que se estaban dando a fines del siglo XX y buscó aunar docencia y ejecutividad en su gestión para impulsar un salto cualitativo de la Ciudad que al mismo tiempo podría aprovechar el resto del país.

Él vislumbró como los estados nacionales comenzaban a perder atribuciones que delegaban hacia organismos supranacionales, como la Unión Europea o el Mercosur como también el incremento de cuestiones que comenzaban a abordar gobiernos locales.

Uno de sus sueños era consolidar el perfil de Buenos Aires como una ciudad mundial. Una de las grandes urbes que como nodos vitales concentran el mayor potencial económico, social y cultural del planeta.
Él sabía que las ciudades compiten en el concierto mundial por el despliegue de servicios y capacidades para mejorar la calidad de vida de sus habitantes y que esta realidad, con un porcentaje cada vez mayor de población urbana, es determinante.

Las ciudades tienen que tener su plan estratégico, aspecto al que prestó especial atención. Las ciudades más allá del cemento, son su gente y tienen que saber de qué quieren vivir y qué pretenden para su futuro. Para esto, deben tener en claro cuales son sus fortalezas y debilidades y a partir de allí diseñar un plan que atraviese los gobiernos de turno y que se prolongue e enriquezca con el tiempo.
Olivera ya pensaba en una ciudad sustentable, mientras muchos de los políticos contemporáneos sólo se preocupaban por las internas y la integración de las listas.

Así también, hubo otro concepto que hizo bandera: la descentralización en la Ciudad. Él defendía la idea de delegar servicios y decisiones administrativas que estuvieran cerca de los barrios y fortalecer las decisiones de Estado en el Ejecutivo local.

Casi en silencio y con el poco presupuesto con que contó creó, junto a su equipo, los Centros de Gestión y Participación (CGP) embriones de las Comunas que comenzaron, poco a poco y no sin dificultades, a hacer realidad esa consigna de llevar el Gobierno a los barrios.

Uno de los ejes de la resistencia a la descentralización se basaba en el hecho de que al delegar y descentralizar siempre hay una cuota de poder y de presupuesto que se comparte y es más fácil el control y la transparencia de la gestión pública.

Enrique Olivera, lamentablemente se fue físicamente hace algunos días, pero dejó un legado humano, intelectual y político de una enorme profundidad y riqueza.
Ni Buenos Aires, ni la Argentina pueden darse el lujo de olvidar proyectos y valores transmitidos a través de su ejemplo constante de trabajo y de lucha que no abandonó hasta el último día.

 

Fuente: El Cronista